febrero 27, 2020 admin

A veces uno se enamora de los libros por la portada, más, cuando son libros de segunda mano y “raros”. Me pasó con éste. Todo han sido sorpresas.
La fotografía de la portada es original, rara y maravillosa; un collage en blanco y negro hecho con billetes de tren. El resto de los relatos también vienen precedidos de una foto, diferentes y muy bien escogidas, yo lo pondría de título “Los trenes y la vida”
En la presentación leo: “En esta XIV edición del Premio de Narraciones Breves Antonio Machado 3.196 cuentos…” (¡Se los han leído todos, no puede ser!)
Luego leo el jurado, todos no los conozco, pero, D. Alfredo Bryce Echenique, D. Camilo José Cela, D. Jesús Torbado…
Después empiezo a preguntarme, por qué no he leído nada de Francisco Umbral, será por su melena, por esa voz ronca, esa fama de borde y ese “Yo he venido hablar de mi libro”, demasiados prejuicios.
Total, si son solo tres páginas…
Tres páginas maravillosas, pura poesía. Me recuerdan a Juan Ramón Jiménez. Comienza con” Él vino en un barco de nombre extranjero” y el corazón se pone en modo bolero.
A ritmo del traca tra del tren, de tarde de verano, de estaciones y merienda vamos acompañando a este niño, mirando por la ventanilla el paisaje y viendo lo que pasa en el vagón , las descripciones son precisas, imaginativas, con encanto, ternura.
Francisco Umbral consigue que el tono de la escritura se acompase con la respiración y los latidos del corazón y cuando llegas al final se te queda esa sonrisa de qué bonito, ¡por Dios!
¡Y qué bien escrito!

Después de leído, un libro lleva a otro, quiero volver a leer a Juan Ramón Jiménez. Más libros de mi ya, querido Francisco Umbral y el resto de cuentos de este libro tan especial.

Título: Tatuaje Y Nueve Relatos Finalistas
Autor: Francisco Umbral
Editorial: Fundación de los Ferrocarriles Españoles. Foto de cubierta de César.
Año: 1991.
Lugar: Ainielle, Sobrepuerto, Huesca.
Tema: El viaje en tren de un niño, que acompañado de su tía Maru va a visitar a su madre enferma de tuberculosis en casa de la abuela Leonisa. No hay una fecha, pero el ambiente es el de la posguerra.
En primera persona habla el niño interior de un adulto, que recuerda con detalle y sentimiento ese viaje que termina con un beso de despedida y el nombre de “mama” tatuado en su pecho y grabado en su memoria.
En ningún momento se nos dicen sus nombres, no importa, hijo y madre. Una amarga y dulce despedida.

Autor: Gema Gutiérrez

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