La Lluvia Amarilla

febrero 29, 2020 admin

Andrés es narrador-personaje, hombre tenaz, fiel, alma solitaria, el último habitante de Ainielle, un pueblo devorado por el olvido en el Pirineo aragonés.
En forma de diálogo interior y flash- back Andrés nos va contando su vida, su propia muerte y la muerte de una manera de vivir, en un tiempo que se diluye con el cambio de las estaciones, la vegetación y el color del paisaje.
Una vida pegada a la tierra y a las cosas, en un tiempo donde una silla era la silla donde se sentaban junto al fuego a contar historias, recordando personas y sucesos de otros tiempos, mientras la ventisca y la nieve caían fuera. Un tiempo donde las palabras ahuyentaban el miedo.
La novela es una metáfora silenciosa con un lenguaje vivo, rico, preciso, cada párrafo es una estrofa de un poema a la decadencia y la destrucción de los orígenes de la tierra, una tierra que es la España rural de los “Santos Inocentes” o de “La Familia Pascual Duarte”, pero podría ser cualquier pueblo, de cualquier lugar del mundo, es una huida desesperada de una tierra a otra, no se sabe a dónde.
La narración se divide en dos partes; hasta el capítulo X es más realista, desde la cordura se va contando la marcha de los últimos habitantes, el suicidio de su mujer y como se va quedando solo, pero en el capítulo IX Andrés nos dice:

Ainielle ya es tan solo un cementerio abandonado para siempre y sin remedio a su destino

Título: La lluvia amarilla
Autor: Julio Llamazares
Editorial: Seix Barral. Biblioteca Breve.1990.
Tema: El abandono de los pueblos.
Protagonista: Andrés de Casa Sosa que en el día de su muerte, nos narra la historia de sus últimos diez años, entre los cincuenta y sesenta del siglo XX
Lugar: Ainielle, Sobrepuerto, Huesca.

A partir de aquí, entre en la locura y las alucinaciones. Sufre la mordedura de una víbora, lucha por la vida, le acompañan sus difuntos, convive con ellos hasta la agonía y la muerte.
Elemento constante es la lluvia amarilla que no deja de caer, desde el principio hasta el final, un movimiento perpetuo, la pérdida de identidad, la disolución del yo en un óxido amarillo que lo corroe todo, tanto que se rompe el ciclo de la vida ¿quién y a quién se contará la muerte de Andrés?
Él mismo tiene que narrar su propia muerte, pero el final queda abierto y aquí habla la voz de Llamazares,

La noche queda para quien es.

Las interpretaciones pueden ser muchas, tantas como lecturas, a mí, esta novela me ha dejado el pensamiento dando vueltas y el corazón envuelto en una sábana de lino amarillento, con una extraña sensación de tristeza.
Esa lluvia amarilla indolente que no cesa, no es otra cosa que la falta de alegría del reflejo de unas almas con otras, que nos descubre la soledad de cada cosa.

Espero que aún les quede algo a los que han fallecido
Platón

Después de leído, un libro lleva a otro. Quiero leer:

Las primeras obras de poesía de Julio llamazares, “Fedón” de Platón y algo de Unamuno.

Autor: Gema Gutiérrez

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